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martes, 30 de junio de 2009

Sobre como algunos son tan putos que no postean nada.

(texto en construcción)

martes, 21 de abril de 2009

Pensamiento Inacabado.

Bakunin asegura que todo desenvolvimiento implica necesariamente una negación, la de la base o el punto de partida. Bakunin, que aparte de ser un viejito simpaticón era un anarquista convencido, utiliza la frase en un contexto sociológico, como negación de la animalidad humana en beneficio de las cualidades intelectuales. Se trata de una negación progresiva, gradual, evolutiva. El hombre se ha ido civilizando a expensas de su animalidad, con el único fin de rebelarse a su medio y, finalmente, imponerse definitivamente sobre él. Y después dice un montón de otras cosas interesantes que no vienen al caso porque ésta no busca ser una entrada de anarquismo.
Me quedo solamente con ese párrafo de Bakunin que, descontextualizado, también podría remitir a ciertas ideas del yo, de existencia a través del tiempo, a una disputa ya ganada contra los aristotélicos. ¿Y es que no es acaso vivir la negación progresiva de ese saco fofo de dos kilos y medio qué alguna vez fuimos? Claro que desde él (adrián bebe) hasta mi hay una linealidad espacio-temporal de átomos que han permanecido conformando (en mayor o menor medida) la misma red neuronal, dándole así cierto carácter de continuidad a mi memoria, lo cual me ha permitido auto-identificarme con ese chico que hace unos años tomaba bagleys con leche después de jugar a la pelota y con tantos otros más; pero, fuera de esa salvedad biológica, ¿no soy la negación de una esencia primaria que ha mutado por un camino azaroso? ¿No pude acaso, bajo otras circunstancias, ser otras personas? Sincerémonos: para ser esto que ahora soy fue necesario que, antes, otras cosas dejaran de ser. Y parecería que cuanto mas prolongado sea este desenvolvimiento (a.k.a. vida) menos son las hebras capaces de mantener la unión entre los extremos. De aquí deriva esa sensación de distancia hacía lo que uno alguna vez fue, de incomprensión y hasta desapego con yoes pasados, como también con los afectos, las pasiones y los vicios propios de esos yoes. Hablamos de una multiplicidad de yoes no psicoanalíticos, sino temporales, sucesivos, antropófagos.
Así como nadie se baña dos veces en el mismo río, el Heráclito que pronunció esa oración sólo pudo existir plenamente en ese preciso instante. Y luego, como también hizo el río, habrá comenzado a negarse y a dar a los múltiples y sucesivos Heráclitos.
Mal que nos pese, caballero, vivir no es más que la negación de uno mismo.





*Completamente al margen, (o al pie de página, como guste) debo decir que el último párrafo me hizo acordar a una película muy mala, pero que tiene un planteo por demás interesante. La película es “El gran truco”. Posiblemente usted la haya visto. Palabras más, palabras menos, hay una maquina que reproduce exactamente a una persona, con sus recuerdos, su físico, etc. El mago, quien entra en la maquina, coloca un dispositivo de manera que una de las dos personas que aparecerán luego de realizado el truco quede atrapada, escondida del público, y muera. El problema está en que el mago jamás tiene la certeza de si el que muere es el clon o el original, de hecho, no hay forma de saber cual de los dos es el “falso”; reformulando, ninguno sabe si es el verdadero mago (son idénticos, comparten los mismos recuerdos, etc) o el clon, con lo cual el truco es una suerte de ruleta rusa. En una extraña (pero quizás entendible) vuelta psicológica, el mago no tiene miedo de eliminar a uno de los dos (bajo riesgo de eliminarse a si mismo, comprende?). Él seguirá existiendo, su memoria permanecerá intacta. Pero claro que uno de los dos morirá, y su muerte será bien real, con lo cual el argumento con el que se consuela el mago no deja de ser un engaño. De cualquier forma, como problema sobre qué es la identidad (y sobre su unicidad) es interesante.

martes, 14 de abril de 2009

Notas de un día en llamas (3ra parte)

[El asunto del formato y el olvido]

Con el tiempo (y la experiencia que viene en el paquete) me fui enterando poco a poco de que las dimensiones del papel sobre el que escribo, o el tamaño del buffer de mi bloc de notas mental (dos aspectos inseparables del problema) condicionan taimadamente la dirección o el sentido de aquello que intento escribir. Este problema, contemplado desde ambos puntos de vista, tiene tres soluciones simples, siendo la primera y la segunda mucho mas viables para este caso particular de mi existencia: 

1- Forjar el hábito de volver atrás la cantidad de hojas que sean necesarias para retomar el hilo direccionador, lo que significa no limitarme solo a la relectura de la página sobre la que descansa mi lapicera al momento de la reflexión.

2- Forjar el hábito de escribir en mi computadora, que dado a la versatilidad de las herramientas que ofrece, me permite distribuir en el espacio de mi pantalla lo que en papel ocuparían varias hojas, y en donde incluso existe la posibilidad de utilizar recursos como los colores o los formatos de fuente para resaltar los elementos del texto que me ayudan a conducirme por la ilación de sentido previamente mentada.

3- Dejar de emborracharme, lo cual es totalmente prescindible dado a la factible posibilidad de realización de cualquiera de las dos posibles soluciones anteriormente enumeradas.

De no hallar solución, el problema del olvido siempre me lleva a dudar enormemente de si alguna vez existió un sentido o una direccionalidad en aquello que me encuentro escribiendo, y por ende, a caer en las insoportables redes de la incoherencia sintáctica, lo que me hace creer las mas de las veces -y sobre todo si estoy borracho-, de que ando poseído por algún demonio ancestral, por el espíritu vago de uno que otro poeta maldito, o delirios equiparables, con lo bien sabido de cuanto de todo esto está ya muy pasado de moda, y a cuantos pocos aún nos conmueven conductas semejantes.  

Notas de un día en llamas (2da parte)

[La máquina del tiempo] 

Desde pequeño tuve esta clase de fantasías en donde me trasladaba al pasado para volver a sentarme junto a una compañerita de trenzas que para ese entonces era la ruina de mis recreos, pero esta vez me imaginaba haciéndolo de otra manera, diré: sin quedarme atrás. No recuerdo claramente, pero se que imaginaba volver y pedirle que me deje acariciarle el pelo, o que se yo, quizás arrancarle la boca de un beso (o un beso de la boca), pero ese recuerdo puede deberse al efecto de invasión retroactiva sobre mi memoria, porque dudo de que en mis épocas de novicio infante se me hallan figurado a pie de letra tales intenciones. Mucho mas probable es, según Segismundo, que dado a la perversia-polimorfa infantil (que en mi la supongo un tanto exacerbada para esas épocas) se me hubiese ocurrido pedirle cosa así como que me deje atarle los cordones de las zapatillas para después olerme la mano escondido en algún rincón oscuro del baño de varones, pero eso es demasiada perversión para mi persona. Pienso que en realidad mi deseo transtemporal era más algo así como volver y regalarle una hoja seca del plátano del patio con las iniciales de los dos escritas en liquid-paper y rodeadas por un corazón. De cualquier manera, el hecho concreto del recuerdo me informa de que ya por aquellas épocas tenia yo una fuerte tendencia a la alucinación voluntaria y a la rebeldía frente a las tres dimensiones designadas por la seño de ciencias naturales.

Años después, cierro los ojos y me concentro en la creación del mecanismo trascendental que me llevará otra vez a través del tiempo. Subo a mi DeLorean mental, pongo segunda, tercera, cuarta y ¡gggjjj!, salgo despedido a una velocidad deshollante. Ahora innumerables escenarios corren frente a mis ojos, cientos de caras de personas que no conozco, los sonidos abombados por la abolición del tiempo. 

Hago conciencia del hecho de no haber decidido de antemano un destino para mi viaje de prueba. Ahora no sé a donde carajo estoy yendo a parar... 

(Al desconcierto sucede el silencio).

Escena en donde dos personas que se besaban ahora se separan para contemplarse. Hay una lágrima en el rostro de ella. 

Hago Zoom y pongo Pause. Me acerco a esa gotita congelada en su nacimiento. La miro y me miro en el reflejo: ¿Que hago ahí? ¿Como puede mi reflejo, mi imagen futura, habitar en el seno de esa lágrima ya derramada en aquel rincón del pasado?  

Comienzo a juntar de mis bolsillos los papeles, los tickets del urbano, un atado de Gitanes vacío (o con un pucho adentro), en fin, todo el combustible que tengo encima y lo meto dentro de un tacho de basura imaginario que prendo fuego con mi dedo mágico. Ni bien comienza a echar humo voy y lo coloco entre las narices de aquellos enamorados. Ahora pongo Play.

(Recuerdo un comentario sublimemente romántico de mi compañero de blog: "Pobrecitos, es que no tienen idea de que algún día se van a morir". Esto, según Wikipedia, me arrebata a un éxtasis más allá de la racionalidad, incluso me provoca dolor por ser imposible de asimilar)

lunes, 13 de abril de 2009

Argumentum nullus.

Y si al final es todo un modelo, y nada más que un modelo, y en realidad yo no conozco a maríamaría sino a una teorización de maríamaría que construí en base a un montón de otras teorizaciónes de mujermujer, de quimeraquimera y así ad infinitud, creo que podría decir sin pecar de trágicotrágico que estoy bien cagado.
Poca culpa puedo tener de que esta vida no sea más que un teorizar sobre lo ya teorizado, y que todo se oculte como debajo de mil velos que uno no puede terminar de correr porque bien sabe que uno de ellos, posiblemente el último, es uno mismo, y quitar ese velo implicaría tomarse bien fuerte del cuello y arrancarse de una vez por todas del panorama perceptivo-sensorial-lógicoformulador, lo cual, convengamos, además de ser bastante difícil per se, es flor de garrón, por más premio nobel en edictoepistemología que te vayan a dar después, que ya te has hecho autodesexistir a fuerza de pura voluntad schopenhaueriana, con el perdón de tanto pseudoneologismo.
Entonces uno sólo se tiene a si mismo siempre y cuando se acepte que no se esta teorizando sobre la propia conciencia, yo, y/o alma, o como quiera que la teología que usted tenga cargada en el sistema operativo haya decidido llamarlo (sea made in france, made in greace, etc, etc, se entiende, no?) con lo cual nos iríamos de mambo, mearíamos afuera del tarro, nos pasaríamos de rosca, y demás metáfora alegórica siempre lista a auxiliarnos en este tipo de casos.
Y al final, nada, uno se queda a mitad camino, embarrado hasta los ejes, pero nunca más que eso, porque algo más que eso sería una confirmación. No se bien de qué, pero definitivamente nos confirmaría algo. Y entonces ya no molestaría tanto el teorizar sobre maríamaría porque sólo querríamos limpiarnos, volver a pisar asfalto, dejarnos de macanas, y ya no meternos en esas naderías de gente que equivocadamente cree que le sobra tiempo.

Ilusos.

miércoles, 8 de abril de 2009

Notas de un día en llamas (1ra parte)

[Sentado con el monitor, frente a frente]

Sufro un nuevo ataque de pánico existencial after posteo sartreano y after leer historias de cajón en mesitas de luz de blogs ajenos (lo mas barato es siempre lo ajeno). 
Me altero, me disperso y me preocupo un poquito más. Tengo muchas sensaciones pero palabras pocas o ninguna: ergo non puedo escribir. 

(Me agarro la cabeza con las dos manos, en mi rostro debería verse un gesto de desequilibrado).



[Minutos mas tarde (aún con las manos en la cabeza)]

There must be something more to give- I think, mientras las palabras trazan el eco de las sensaciones en mi espacio o vacío cuántico.

Siento como si mi mente viajase a través del tiempo, y esto paradojalmente, lo siento todo el tiempo, por lo cual deduzco que debe de ser un efecto de la no-sustancia tiempística, tautológicamente.

Viajo a través de todo, como un fantasma, y me poso junto a una lágrima, que puede ser mía o puede ser suya (sí, a usted me refiero), o que tambien podría ser mia y suya al mismo tiempo. Porque esa lágrima puede ser mía en el sentido de que hubiese brotado enteramente de mi, o puede ser suya y también mia si hubiese nacido de usted por mi culpa, y asi sería yo tambien parte de la causa. Otro es el asunto de la propiedad, porque tampoco la lágrima es de nadie, pero no venga usted aca a hacerse el vivo.

Pero que hubiese sido si esta lágrima que imagino fuese mía, tanto en el sentido de si hubiese brotado en sí misma de mi, o como si hubiese brotado en ese otro a causa de mi. Que sería de esa lágrima que hubiese sido enteramente mía si no ajena, o si no el tiempo, o si no la coyuntura.



[El asunto de la pava]

De repente un click en mi memoria: recuerdo haber puesto la pava para unos mates que me acompañarian mientras me siento a escribir, pero lo de la pava fue antes de la escena en donde me veo escribiendo(¿?), eh... nosé, 
pero ahora hay ruido alarmante de metales crujiendo y olor a soldadora autógena. Corro a la cocina y encuentro a el paquidermo metálico arrojando llamas y vapores grises-azulados por su trompa, salpicando de hervor todo el perímetro. 
Me pongo el sombrero de cowboy, doy un salto de metro y medio esquivando los proyectiles acuosos, y tomo a la cocina por las astas mientras elimino de un solo movimiento al fuego que la sigue agitando como barrabrava fuera de la cancha.

Caigo en la cuenta de que es la segunda vez en mi preciada tarde que esto me pasa:

Muy triste



[El oficio de escritor]

Ahora tambien recuerdo el haber decidido firmemente tomarme en serio el hecho de escribir, lo que implica no solo sentarme con los mates y los Gitanes -tan misteriosamente inspiradores- , sino tambien el tomar una serie enumerada de precauciones como la de correr de mi campo visual el retrato de Baudelaire para evitar las intromisiones del spleen, para no revivir el 
sabor del absinth, para que las palabras "Demonio", "Veneno", "Vientre", "Vampiro" no hagan piquete en mi lengua, en fin, para no caer en nuevas viejas barrabasadas poéticas, para abandonar la cuerda floja de la pseudo-locura, quemar de una vez por todas las 3 traducciones distintas de "Une Saison en enfer" que me miran feo desde la biblioteca y matar todo resto 
Nietschezano o Sartreano que quede revoloteando en mi cabeza, al menos por hoy, al menos por ahora. 

(Noten cuanto me gusta autoestereotiparme) 

Me levanto de la silla y hago unas flexiones con mis brazos para recordarme de que aún tengo un cuerpo del cual hacerme cargo. Pero me quede con la idea de viajar en el tiempo: 
¿Y porqué no?- me dispongo a construir mi propia maquina del tiempo.

lunes, 23 de marzo de 2009

Qué, cómo y dónde es la patria*.

En algún lugar leo “tu eres mi única patria”, no puedo recordar donde. Una búsqueda superficial de la oración no da mayores resultados; posiblemente se trate de algún grafiti, o del primer verso de un poema mal traducido al español.
Leo “tu eres mi única patria” e inmediatamente trato de dar con alguna definición instintiva de patria. Siempre tuve esa necesidad casi enfermiza de definir las cosas, acompañada por cierta búsqueda de exactitud en la definición que termina transformándolas a todas en meras aproximaciones, detestables en la mayoría de los casos. Pero mejor no precipitarse en esta ocasión.
Una primera definición parcial y provisoria de patria podría ser la que un diccionario hace de ella, tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. Demasiado fría y mecánica, el vocablo “nación” empaña la cuestión apenas aparece. Un amigo me da una definición algo más simple y calida, me habla del arraigo que sienten las personas por determinado lugar. Si bien esta última no entra en detalles, de las dos me parece ser la más acertada.
A pesar de no recordar el origen de la oración quizás algún rastro subconsciente de memoria pueda llegar a revelarme algo; cuando pienso “tu eres mi única patria” una serie de asociaciones implícitas me impulsa a referirla a una mujer. No es un país la patria que menta esa oración, es una señorita. ¿Cómo llego a esas conclusiones? Quizás por cierto sentido estético-poético que creo percibir en las palabras. Acaso su autor sólo se sienta como en casa al estar junto a (¿en?) ella, y en el resto del mundo, es decir en todo lo que no sea patria, todo lo que no sea ella, sienta el exilio, el destierro, las penas de un extranjero, el desconcierto absurdo con el que uno mira las cosas cuando le son ajenas.
Pienso entonces cuál es mi patria. Bueno, si me obligasen a responder rápido, diría Argentina, con lo que mi respuesta contendría a veintitantas provincias, siendo todas patrias por igual a pesar del poco apego que por Tierra del Fuego siento. Me doy cuenta de que comenzar una discusión sobre ello sería meterse de lleno en otra definición, en la de nacionalidad, y no creo que el esfuerzo valga (al menos en este momento) la pena.
Si lo pienso un poco más podría decir que mi patria es el lugar donde nací y crecí, pero no, bien sé que me sigo engañando. Es por eso que la noción de patria que emana la oración me parece tan enemistada con la de territorio, al punto de sentirla mujer antes que pedazo de suelo, es ahí donde la palabra única llega a sentirse como negación indirecta a aceptar por patria cualquier otra cosa que no se sienta como tal. Poco importa que Jauretche haya incluido en sus zonceras a aquella que dice “la patria no es el lugar donde se nace”, porque puede ser que, después de todo, no sea tan zonza.
Lo que vengo tratando de decir es que la definición de patria ha de ser de naturaleza evidentemente metafísica. La patria implica ímpetu de pertenencia y nostalgia frente a su eventual pérdida. Bien puede ser configurada, y sintetizada, como una acotación de tierra limitada por fronteras políticas para el exiliado, a fin de resumir y unificar varios conceptos, pero mas patria serán los mates que la vieja le cebaba cuando por esos lugares vivía. Quizás hasta exista más esencia de patria en un mate de la vieja que en mil hectáreas de patagonia o en un ala entera del congreso (y, perdón, Aristóteles…). Patria puede ser ese patio, esa parra, esa mesa de mármol. Patria puede ser la espalda de una mujer que apenas vemos en la noche. Patria será ahí donde el alma es sin necesidad de ser en otra parte. Patria es aquello adonde el espíritu siempre nos incita a volver. El desafortunado hecho de asociar patria sólo con extensiones de tierra y con los nombres que estos llevan es el producto de muchos años de educación (ética y) ciudadana, mera teología geográfica. Patria es el olor de los malvones, patria son esos ojos que nos miran felices y asustados.





*Cualquier información sobre el orgien de "tu eres mi única patria" es bienvenida. Espero una descontextualización absoluta...

EDIT: Es de un poema de Daniel Pelman, El mendigo y la Gloria se llama el libro, Tierra del fuego el poema.

Gracias, Nadia!

EDIT2: Me acabo de dar cuenta que el poema se llama como mi ejemplo. Jaja. Jamás leí nada de Pelman, quién sabe de dónde lo saque.