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martes, 21 de abril de 2009

Pensamiento Inacabado.

Bakunin asegura que todo desenvolvimiento implica necesariamente una negación, la de la base o el punto de partida. Bakunin, que aparte de ser un viejito simpaticón era un anarquista convencido, utiliza la frase en un contexto sociológico, como negación de la animalidad humana en beneficio de las cualidades intelectuales. Se trata de una negación progresiva, gradual, evolutiva. El hombre se ha ido civilizando a expensas de su animalidad, con el único fin de rebelarse a su medio y, finalmente, imponerse definitivamente sobre él. Y después dice un montón de otras cosas interesantes que no vienen al caso porque ésta no busca ser una entrada de anarquismo.
Me quedo solamente con ese párrafo de Bakunin que, descontextualizado, también podría remitir a ciertas ideas del yo, de existencia a través del tiempo, a una disputa ya ganada contra los aristotélicos. ¿Y es que no es acaso vivir la negación progresiva de ese saco fofo de dos kilos y medio qué alguna vez fuimos? Claro que desde él (adrián bebe) hasta mi hay una linealidad espacio-temporal de átomos que han permanecido conformando (en mayor o menor medida) la misma red neuronal, dándole así cierto carácter de continuidad a mi memoria, lo cual me ha permitido auto-identificarme con ese chico que hace unos años tomaba bagleys con leche después de jugar a la pelota y con tantos otros más; pero, fuera de esa salvedad biológica, ¿no soy la negación de una esencia primaria que ha mutado por un camino azaroso? ¿No pude acaso, bajo otras circunstancias, ser otras personas? Sincerémonos: para ser esto que ahora soy fue necesario que, antes, otras cosas dejaran de ser. Y parecería que cuanto mas prolongado sea este desenvolvimiento (a.k.a. vida) menos son las hebras capaces de mantener la unión entre los extremos. De aquí deriva esa sensación de distancia hacía lo que uno alguna vez fue, de incomprensión y hasta desapego con yoes pasados, como también con los afectos, las pasiones y los vicios propios de esos yoes. Hablamos de una multiplicidad de yoes no psicoanalíticos, sino temporales, sucesivos, antropófagos.
Así como nadie se baña dos veces en el mismo río, el Heráclito que pronunció esa oración sólo pudo existir plenamente en ese preciso instante. Y luego, como también hizo el río, habrá comenzado a negarse y a dar a los múltiples y sucesivos Heráclitos.
Mal que nos pese, caballero, vivir no es más que la negación de uno mismo.





*Completamente al margen, (o al pie de página, como guste) debo decir que el último párrafo me hizo acordar a una película muy mala, pero que tiene un planteo por demás interesante. La película es “El gran truco”. Posiblemente usted la haya visto. Palabras más, palabras menos, hay una maquina que reproduce exactamente a una persona, con sus recuerdos, su físico, etc. El mago, quien entra en la maquina, coloca un dispositivo de manera que una de las dos personas que aparecerán luego de realizado el truco quede atrapada, escondida del público, y muera. El problema está en que el mago jamás tiene la certeza de si el que muere es el clon o el original, de hecho, no hay forma de saber cual de los dos es el “falso”; reformulando, ninguno sabe si es el verdadero mago (son idénticos, comparten los mismos recuerdos, etc) o el clon, con lo cual el truco es una suerte de ruleta rusa. En una extraña (pero quizás entendible) vuelta psicológica, el mago no tiene miedo de eliminar a uno de los dos (bajo riesgo de eliminarse a si mismo, comprende?). Él seguirá existiendo, su memoria permanecerá intacta. Pero claro que uno de los dos morirá, y su muerte será bien real, con lo cual el argumento con el que se consuela el mago no deja de ser un engaño. De cualquier forma, como problema sobre qué es la identidad (y sobre su unicidad) es interesante.