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martes, 14 de abril de 2009

Notas de un día en llamas (3ra parte)

[El asunto del formato y el olvido]

Con el tiempo (y la experiencia que viene en el paquete) me fui enterando poco a poco de que las dimensiones del papel sobre el que escribo, o el tamaño del buffer de mi bloc de notas mental (dos aspectos inseparables del problema) condicionan taimadamente la dirección o el sentido de aquello que intento escribir. Este problema, contemplado desde ambos puntos de vista, tiene tres soluciones simples, siendo la primera y la segunda mucho mas viables para este caso particular de mi existencia: 

1- Forjar el hábito de volver atrás la cantidad de hojas que sean necesarias para retomar el hilo direccionador, lo que significa no limitarme solo a la relectura de la página sobre la que descansa mi lapicera al momento de la reflexión.

2- Forjar el hábito de escribir en mi computadora, que dado a la versatilidad de las herramientas que ofrece, me permite distribuir en el espacio de mi pantalla lo que en papel ocuparían varias hojas, y en donde incluso existe la posibilidad de utilizar recursos como los colores o los formatos de fuente para resaltar los elementos del texto que me ayudan a conducirme por la ilación de sentido previamente mentada.

3- Dejar de emborracharme, lo cual es totalmente prescindible dado a la factible posibilidad de realización de cualquiera de las dos posibles soluciones anteriormente enumeradas.

De no hallar solución, el problema del olvido siempre me lleva a dudar enormemente de si alguna vez existió un sentido o una direccionalidad en aquello que me encuentro escribiendo, y por ende, a caer en las insoportables redes de la incoherencia sintáctica, lo que me hace creer las mas de las veces -y sobre todo si estoy borracho-, de que ando poseído por algún demonio ancestral, por el espíritu vago de uno que otro poeta maldito, o delirios equiparables, con lo bien sabido de cuanto de todo esto está ya muy pasado de moda, y a cuantos pocos aún nos conmueven conductas semejantes.