[La máquina del tiempo]
Desde pequeño tuve esta clase de fantasías en donde me trasladaba al pasado para volver a sentarme junto a una compañerita de trenzas que para ese entonces era la ruina de mis recreos, pero esta vez me imaginaba haciéndolo de otra manera, diré: sin quedarme atrás. No recuerdo claramente, pero se que imaginaba volver y pedirle que me deje acariciarle el pelo, o que se yo, quizás arrancarle la boca de un beso (o un beso de la boca), pero ese recuerdo puede deberse al efecto de invasión retroactiva sobre mi memoria, porque dudo de que en mis épocas de novicio infante se me hallan figurado a pie de letra tales intenciones. Mucho mas probable es, según Segismundo, que dado a la perversia-polimorfa infantil (que en mi la supongo un tanto exacerbada para esas épocas) se me hubiese ocurrido pedirle cosa así como que me deje atarle los cordones de las zapatillas para después olerme la mano escondido en algún rincón oscuro del baño de varones, pero eso es demasiada perversión para mi persona. Pienso que en realidad mi deseo transtemporal era más algo así como volver y regalarle una hoja seca del plátano del patio con las iniciales de los dos escritas en liquid-paper y rodeadas por un corazón. De cualquier manera, el hecho concreto del recuerdo me informa de que ya por aquellas épocas tenia yo una fuerte tendencia a la alucinación voluntaria y a la rebeldía frente a las tres dimensiones designadas por la seño de ciencias naturales.
Años después, cierro los ojos y me concentro en la creación del mecanismo trascendental que me llevará otra vez a través del tiempo. Subo a mi DeLorean mental, pongo segunda, tercera, cuarta y ¡gggjjj!, salgo despedido a una velocidad deshollante. Ahora innumerables escenarios corren frente a mis ojos, cientos de caras de personas que no conozco, los sonidos abombados por la abolición del tiempo.
Hago conciencia del hecho de no haber decidido de antemano un destino para mi viaje de prueba. Ahora no sé a donde carajo estoy yendo a parar...
(Al desconcierto sucede el silencio).
Escena en donde dos personas que se besaban ahora se separan para contemplarse. Hay una lágrima en el rostro de ella.
Hago Zoom y pongo Pause. Me acerco a esa gotita congelada en su nacimiento. La miro y me miro en el reflejo: ¿Que hago ahí? ¿Como puede mi reflejo, mi imagen futura, habitar en el seno de esa lágrima ya derramada en aquel rincón del pasado?
Comienzo a juntar de mis bolsillos los papeles, los tickets del urbano, un atado de Gitanes vacío (o con un pucho adentro), en fin, todo el combustible que tengo encima y lo meto dentro de un tacho de basura imaginario que prendo fuego con mi dedo mágico. Ni bien comienza a echar humo voy y lo coloco entre las narices de aquellos enamorados. Ahora pongo Play.
(Recuerdo un comentario sublimemente romántico de mi compañero de blog: "Pobrecitos, es que no tienen idea de que algún día se van a morir". Esto, según Wikipedia, me arrebata a un éxtasis más allá de la racionalidad, incluso me provoca dolor por ser imposible de asimilar)



