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miércoles, 8 de abril de 2009

Notas de un día en llamas (1ra parte)

[Sentado con el monitor, frente a frente]

Sufro un nuevo ataque de pánico existencial after posteo sartreano y after leer historias de cajón en mesitas de luz de blogs ajenos (lo mas barato es siempre lo ajeno). 
Me altero, me disperso y me preocupo un poquito más. Tengo muchas sensaciones pero palabras pocas o ninguna: ergo non puedo escribir. 

(Me agarro la cabeza con las dos manos, en mi rostro debería verse un gesto de desequilibrado).



[Minutos mas tarde (aún con las manos en la cabeza)]

There must be something more to give- I think, mientras las palabras trazan el eco de las sensaciones en mi espacio o vacío cuántico.

Siento como si mi mente viajase a través del tiempo, y esto paradojalmente, lo siento todo el tiempo, por lo cual deduzco que debe de ser un efecto de la no-sustancia tiempística, tautológicamente.

Viajo a través de todo, como un fantasma, y me poso junto a una lágrima, que puede ser mía o puede ser suya (sí, a usted me refiero), o que tambien podría ser mia y suya al mismo tiempo. Porque esa lágrima puede ser mía en el sentido de que hubiese brotado enteramente de mi, o puede ser suya y también mia si hubiese nacido de usted por mi culpa, y asi sería yo tambien parte de la causa. Otro es el asunto de la propiedad, porque tampoco la lágrima es de nadie, pero no venga usted aca a hacerse el vivo.

Pero que hubiese sido si esta lágrima que imagino fuese mía, tanto en el sentido de si hubiese brotado en sí misma de mi, o como si hubiese brotado en ese otro a causa de mi. Que sería de esa lágrima que hubiese sido enteramente mía si no ajena, o si no el tiempo, o si no la coyuntura.



[El asunto de la pava]

De repente un click en mi memoria: recuerdo haber puesto la pava para unos mates que me acompañarian mientras me siento a escribir, pero lo de la pava fue antes de la escena en donde me veo escribiendo(¿?), eh... nosé, 
pero ahora hay ruido alarmante de metales crujiendo y olor a soldadora autógena. Corro a la cocina y encuentro a el paquidermo metálico arrojando llamas y vapores grises-azulados por su trompa, salpicando de hervor todo el perímetro. 
Me pongo el sombrero de cowboy, doy un salto de metro y medio esquivando los proyectiles acuosos, y tomo a la cocina por las astas mientras elimino de un solo movimiento al fuego que la sigue agitando como barrabrava fuera de la cancha.

Caigo en la cuenta de que es la segunda vez en mi preciada tarde que esto me pasa:

Muy triste



[El oficio de escritor]

Ahora tambien recuerdo el haber decidido firmemente tomarme en serio el hecho de escribir, lo que implica no solo sentarme con los mates y los Gitanes -tan misteriosamente inspiradores- , sino tambien el tomar una serie enumerada de precauciones como la de correr de mi campo visual el retrato de Baudelaire para evitar las intromisiones del spleen, para no revivir el 
sabor del absinth, para que las palabras "Demonio", "Veneno", "Vientre", "Vampiro" no hagan piquete en mi lengua, en fin, para no caer en nuevas viejas barrabasadas poéticas, para abandonar la cuerda floja de la pseudo-locura, quemar de una vez por todas las 3 traducciones distintas de "Une Saison en enfer" que me miran feo desde la biblioteca y matar todo resto 
Nietschezano o Sartreano que quede revoloteando en mi cabeza, al menos por hoy, al menos por ahora. 

(Noten cuanto me gusta autoestereotiparme) 

Me levanto de la silla y hago unas flexiones con mis brazos para recordarme de que aún tengo un cuerpo del cual hacerme cargo. Pero me quede con la idea de viajar en el tiempo: 
¿Y porqué no?- me dispongo a construir mi propia maquina del tiempo.